lunes, 11 de febrero de 2013
Un deseo.
Pocos hombres en verdad me han puesto nerviosa, pero frente el, me tiembla el cuerpo,se me herizan los bellos, y me vuelvo una mocosa risueña;
mis deseos mas carnales, se escabullen a lo largo de mi cuerpo, partícula por partícula mi piel se vuelve loca,
mi espiritu se desencadena, y al igual que mi energía; se vuelven presas de la expansión,
mi alma anhela mas allá de lo que acostumbra,
y mi boca, dibuja una sonrisa, de aquellas pocas que te hacen vibrar al ritmo de una ilusión,
planteo sin mas ni mas que,
deseo compartir contigo la alegría de la vida, del saber, de jugar, de aprender, y no excluyo, tristeza, ni pesar ni dolor; o ¿cómo te enteras de que, efectivamente no te fallaría?:
como puedes ver mis intenciones no son nada modestas, y como supones ya, tu existencia hace que mi corazón se exalte,
te deseo, con la intención de algún día, amarte.
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